lunes, 13 de marzo de 2017

OBEDIENCIA O RENDICIÓN Sara Siccardi




“Os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”
Romanos 12:1-2 

“Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.”
Romanos 6:13

“El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado.”
Salmo 40:8

“El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”
1º Juan 2:17

El equilibrio metabólico es necesario para mantener el funcionamiento normal del organismo. No se puede mantener la salud y la vida en un cuerpo donde hay desequilibrio, disfunciones y descompensaciones. En esas condiciones no se puede crecer, mantenerse ni reparar el desgaste, que son los procesos necesarios para el sustento de la vida.

Ya hemos aprendido que en el mundo espiritual existen dos reinos: el Reino de la Luz y el Reino de la Tinieblas (Colosenses 1:13). Como todo reino tienen su rey, ley, bandera, idioma, etc. La ley del Reino de las Tinieblas es “Hago lo que yo quiero.” En contraste la ley del Reino de la Luz es “Hago la voluntad de Dios.”

El hacer la voluntad de Dios en la vida cotidiana, en lo grande y en lo pequeño, trae el verdadero equilibrio en la vida del creyente. Todo se pone en su lugar, todo se ubica, todo es armonioso cuando vivimos haciendo TODO a la manera de Dios.

El creyente que vive en obediencia, que ha rendido su voluntad a la voluntad de Dios, está lleno de vida, goza de buena salud espiritual, es fuerte y resistente (Salmo 92:10).

Pero el creyente que, aunque está en el Reino de la Luz, sigue con la ley del Reino de las Tinieblas (“hago lo que quiero”), o solo obedece “a medias”, esta lleno de desequilibrios, disfunciones y descompensaciones. Padece de mala salud espiritual, atrapa todas las “pestes” que hay en el aire, es débil, enclenque y raquítico. Es el creyente “carnal”.

Pero el vivir cotidianamente en obediencia a Dios, requiere una decisión personal. (Veremos esto más adelante en el estudio).

En el mundo cristiano hay varias expresiones que definen esta experiencia. Para unos es “rendición” para otros es “consagración”. Para algunos es “someterse al Señorío de Cristo”. Para otros es “vivir en el Espíritu”, ser “verdaderos discípulos” y otros términos más. Pero todos se refieren a la decisión de un creyente de entregarse enteramente al Señor, obedeciéndole en todo dejándolo que El maneje, guíe y use su vida conforme a Su voluntad (en este estudio usaremos más la palabra “rendición” para hacer más entendible su significado).

La rendición u obediencia es la base de todo el andar cristiano. ¿Tiene algún valor orar, leer la Biblia, cantar, confesar, ir a la iglesia, testificar, servir, etc... si no sometemos nuestra voluntad a la de Dios? ¿Cuántos creyentes hay que están “sirviendo”, etc. etc., pero no sin obedientes a Dios en la vida cotidiana? (Juan 8:31, 15:14, Lucas 6:46).

Si no enseñamos esta verdad con fidelidad estamos fabricando “evangélicos” (de la denominación que sea), religiosos, pero no verdaderos cristianos, discípulos de Cristo que dependen de su Señor y andan bajo sus órdenes. Decimos esto, porque esta verdad se la estamos enseñando a los niños desde hace muchos años. ¿Por qué lo hacemos? Porque sino ellos creerán que han aceptado una religión con ciertos preceptos y metodología. Cuando la verdad es que, si hemos recibido a Cristo en nuestro corazón como Salvador y Señor, lo lógico es que la vida que sigue a este acto o decisión, es una vida de obediencia sin reservas a aquel SEÑOR que hemos decidido seguir.

Dios tiene un plan perfecto para cada vida. Cada discípulo de Cristo debe buscar empeñosamente el plan de Dios para su vida, que sin duda es distinto al de los demás, porque Dios jamás hace fotocopias. Pero la vida está compuesta por años, meses, días, horas, minutos. Por eso, el plan de Dios para una vida se cumple, haciendo su voluntad, y obedeciéndole, cada minuto de la vida cotidiana.

I. Qué es la rendición

1. Es el acto de entregar al Señor la vida, todo lo que uno es y posee. (Salmo 31:15-1ºCorintios 29:14 b).

La conversión no es sólo “entregarle el corazón a Jesús”. Es entregarle el cuerpo, los pies, las manos, la boca, etc. etc. Es entregar la familia, los afectos, los bienes, la carrera, la profesión, los proyectos, los defectos, etc.

2. Es someterse al Señorío de Cristo, o sea: no manejo yo mi vida, sino que me “maneja” el Señor Jesús (Romanos 14:8).

No se trata del manejo de un títere, sino de la guía de Alguien que sabe muchísimo más que yo, conoce el camino, los escollos, sabe lo que más me conviene, etc. 
Ejemplo: ¿Qué chofer elegiría para una travesía por las Alta Cumbres, en angostos caminos de cornisa lleno de curvas?...

3. Es rendir la voluntad propia a la voluntad de Dios. (Salmo 40:8). O sea:

No hago lo que se me antoja, sino que hago lo que mi Padre quiere. - Ya no decidimos solos; consultamos, escuchamos y nos ponemos de  acuerdo con un Padre amante y sabio.
Hay una pregunta que repetimos ante cada circunstancia: “Señor, ¿qué quieres que haga?”

4. Es andar en obediencia al Espíritu Santo. O sea:
El Espíritu Santo me va indicando que hacer o que no hacer... ¡y yo le hago caso!
Tenemos un Piloto adentro, un incomparable Conductor. La cuestión está en entregarle a El el timón.

5. Es convertirse en un verdadero discípulo de Cristo que: (Lucas 14:27; Juan 13:35; Juan 15:14)
Cree todo lo que Cristo dice.
Hace todo lo que Cristo manda.

II. Qué es lo contrario a la rendición

1. Es entregar a Dios parte de nuestro ser, pero reservarse ciertas áreas. Es tener un corazón dividido. (Proverbios 23:26).

Es como decirle implícitamente a Dios: “Señor, gracias por salvarme y bendecirme. Por favor, no dejes de hacerlo. Pero en mi vida ¡No te metas!"

2. Es tomar el timón de nuestra vida continuamente, o en ciertos momentos, donde, aunque sea inconscientemente, pensamos que nosotros sabemos mejor que el Señor como conducir nuestro barco al puerto del bienestar y felicidad.
A veces tenemos miedo a que Dios nos quite algo a lo que estamos aferrados.
Y, a veces, también tenemos miedo a que Dios ponga su dedo en algún pecado querido.

3. Es sólo ser un religioso (uno que abrazó una creencia) y no un discípulo de Cristo.

III. Porqué debemos rendirnos


1. Porque Jesús nos compró a gran precio. (1º Pedro 1:18-19; 1º Corintios 6:20; 1º Corintios 7:23).

Lo incomprensible y maravilloso de esto es que, siendo propiedad de Dios, El nos ruega que nos entreguemos a El. (Romanos 12:1). O sea que la rendición o entrega, es siempre un acto voluntario.

Eso sí, si no lo hacemos debemos atenernos a las consecuencias, y no culpar a Dios cuando nuestras vidas son arruinadas, nos falta la paz, el gozo, el respaldo y la bendición que trae aparejada la vida de obediencia.

Cuando el cristiano maneja y dispone de su vida a su antojo, en realidad le está robando a Dios lo que le pertenece. Y se está robando a si mismo su lugar (que le pertenece legítimamente) de discípulo de Cristo.

2. Hay dos razones de peso para dejarnos dirigir por Dios:
Nosotros no sabemos. Dios SI sabe (Jeremías 17:9-10).
Nosotros no conocemos el futuro. Dios SI lo conoce (Juan 16:13; Isaías 45:11).

3. Porque Cristo es la Cabeza de la iglesia. (Efesios 5:23).

Es la cabeza la que dirige el cuerpo. El derecho de dirigir le pertenece a la cabeza. Es su función principal. Allí está el tablero con todos los controles. Y sus directivas están claramente registradas en Su Palabra, la Biblia, y en la guía del Espíritu Santo. (Juan 17:10,17; Juan 16:13).

IV. Cómo debemos rendirnos

La rendición llevada a la práctica tiene dos aspectos que podemos definir como definitivo y constante. En otras palabras, podríamos decir también que tiene:
- Un punto de partida.
- Un camino que recorrer.

1. Es un acto definitivo
En un momento determinado de la vida, decido rendirme a Dios para siempre.

Lo lógico e ideal es que esto ocurra en el momento de la conversión y muchos lo entienden así. Pero, lo real es que también mucha gente no entiende esto de 
inmediato. Y es necesario ayudar al discípulo a entender que su vida ya no es más suya sino del Señor.

Es necesario que este “estilo de vida” parte de una firme determinación.

2. Es una actitud constante

Cada día, en cada momento, ante cada situación, en TODO, en cosas grandes y en cosas pequeñas, voy escuchando y obedeciendo a Dios. Debe ser una experiencia cotidiana.

Un poeta lo expresó de esta manera:

Vive un momento a su vez
Y este... ¡para el Señor!
Y en la continuación de ellos
Hallarás felicidad.

Ejemplo: Ir a la escuela.
Ir a la escuela es una decisión que uno toma global al empezar el año escolar. Pero, cada día uno tiene que mantener esa decisión levantándose y yendo a la escuela.

3. La vida de obediencia, o el “andar en el Espíritu” (Gálatas 5:25) no es posible por el esfuerzo humano. Miles de cosas de este mundo impío conspiran contra este estilo de vida. Esta vida solo es posible siendo “llenos del Espíritu Santo” (Efesios 5:18).

V. Ejemplos bíblicos de esta verdad

1. Historias bíblicas
Abraham poniendo a su único hijo en el altar. (Génesis 22).
La rendición de Jacob. (Génesis 32:22-32).
Consagración de los sacerdotes. (Éxodo 29; Levítico 8).
El niño que entregó su almuerzo. (Juan 6:1-4).
Llamamiento de Pablo, Timoteo, etc. (Hechos 22:6-15; 2º Timoteo  1:15; etc.).
Llamamiento de Jesús a sus discípulos “Sígueme”. (Mateo 9:9; Marcos 1:16-20; 2:14, etc.).
La viuda que dio todo lo que tenía. (Marcos 12:41-44).

2. Versículos bíblicos
Romanos 12:1,2
Romanos 6:13,16,19
Efesios 4:1; 5:2
Gálatas 2:20
Romanos 8:1-2
1º Juan 5:3

VI. Peligros de vivir fuera de la voluntad de Dios

Cuando hablamos del arrepentimiento (o sea, conversión, para empezar una nueva vida) siempre pensamos que se trata de arrepentirnos sólo de nuestros pecados y hábitos y costumbres malas. Pero descuidamos una verdad que no ha sido suficiente enfatizada: Debemos arrepentirnos de la mala costumbre de querer manejar nuestra propia vida.

Como lo expresó Charles Simpson (predicador norteamericano contemporáneo): “Si creemos que el hombre fue creado, entonces sería un disparate descuidar el consejo del Creador”. Por eso, uno de los más grandes peligros es buscar consejo en otras fuentes. Ese es “consejo barato”. Pero seguirlo tiene un costo más alto de lo que podemos imaginar. Esto ha sido la causa de muchas vidas, matrimonios, iglesias, etc. arruinadas. Algunas de esas fuentes pueden ser:
Un YO no rendido. (Gálatas 2:20; Efesios 4:17-24).
Rebeldía, liviandad, necedad, etc.
Religión o iglesias con un Cristo nominal. (Mateo 7:21). “La religión se presta como medio para alimentar el ego, para puntos con Dios” o para “debatir con los de otras creencias” (Charles Simpson).
Superabundancia de actividad religiosa. (Lucas 10:39-42).
El consejo de creyentes carnales. (Samo 1; Gálatas 5: 16-17).
Filosofías paganas. (Deuteronomio 18:9-13)
Aunque parezca extraño, hay encuestas que dicen que hay más cristianos que leen el horóscopo que los que leen la Biblia.
“Profecías” de cristianos insujetos. (1º Corintios 14:29; Deuteronomio 18:20-22).
Si la Iglesia es la Esposa de Cristo (Apocalipsis 19:7;21:9; Efesios 4:25-27) y yo soy miembro de esa Iglesia, el seguir otra directiva en la vida, y no hacer caso de la dirección de Cristo, nuestro Esposo y Cabeza, es cometer “adulterio espiritual”. (Jeremías 3:13-14; Oseas 2:13-20).

VII. Cómo conocer la voluntad de Dios

Ahora, supongamos que hemos decidido rendir nuestra vida a Cristo, andar “en el Espíritu”, vivir haciendo Su voluntad y no la nuestra. Entonces, la pregunta que surge aquí es: ¿Cómo saber cuál es la voluntad de Dios? Y aquí tenemos tres guías importantes.

1. La Palabra de Dios, la Biblia. (Salmo119:105; 2ª Pedro1:19-21; Lucas 21:33)
La Biblia es la manera objetiva que tiene Dios para guiarnos.
La Palabra de Dios escrita es el supremo criterio para la dirección y guía divina. Sus declaraciones son nuestra regla de fe y sus principios son nuestra regla de conducta.
Cualquier directiva que contradice lo que la Biblia enseña, no es de Dios, y puede provenir de dos fuentes:
* De nuestra propia imaginación.
* De Satanás.
La Biblia es la palabra viviente. Su sola lectura puede cambiar vidas, 
vivificar corazones, sanar cuerpos, traer sanidad interior al alma y 
espíritu heridos. etc.

2. El Espíritu Santo (Juan16:13;Juan 14:26; Isaías 30:21)
El Espíritu Santo es la manera subjetiva que tiene Dios para guiarnos.
Es esa voz interna que nos empuja o nos frena.
El Espíritu Santo puede hablarnos de muchas maneras, por un pensamiento que, de pronto, se abre paso en nuestras mentes, por un pensamiento reiterado, por una impresión subjetiva, etc.
Una prueba infalible de que esa voz subjetiva es del Espíritu Santo, es que está absolutamente de acuerdo con la norma objetiva, que es la Biblia.
También, viene acompañado con un sentimiento de paz y sosiego y que reconoceremos mejor cuando más practiquemos estar quietos en la presencia del Señor sin apresuramientos y ansiedades. (Exodo 33:14).

3. Las circunstancias. (Apocalipsis 3:7; Isaías 22:22; 1ºCorintios 16:8-9).
Esta es la providencia que tiene Dios para guiarnos.
Las circunstancias deben estar alineadas con las dos señales anteriores: Biblia y Espíritu, y se manifiestan de estas dos maneras:
Puertas que se abren, circunstancias favorables, recursos que aparecen.
Puertas que se cierran, impedimentos insalvables (que pueden ser por un tiempo, o para siempre, según).
Aparte de estas “señales seguras”, debemos prestar atención a tres señales más.
El acuerdo con su pastor, líder, los ministerios y hermanos maduros y el  sentir colectivo de la congregación (si esta es sana y conforme al Señor).
El deseo o interés creciente en ciertas áreas. Por ejemplo: misiones, obras de misericordias, tareas específicas en la iglesia, interés en ciertos oficios o profesiones, etc. etc.
Visiones, sueños, palabra profética. Esta no es la manera más común como Dios guía, pero puede suceder en ciertas circunstancias y debe ser tratado con sumo cuidado, y a la luz de las otras señales.

Hay dos cosas importantes a tener en cuenta cuando buscamos “en serio” la voluntad de Dios.
Dios solo revela Su voluntad al que está dispuesto a hacerla.
“El que quiere hacer la voluntad de Dios conocerá...” (Juan 7:17).
“El que tiene oídos para oír, oiga”. (Mateo 11:15).
Una vez que tenemos alineadas las “tres señales seguras” empecemos a movernos “en fe”. (Hechos 16:6-10).
“La dirección viene cuando nos movemos por fe, y no mientras permanecemos sentados dudando”. (2º Corintios 5:7).
Dios siempre honra la fe y la fidelidad. Nada le gusta más que ayudar a alguien que “le cree” Hebreos 11:1-6.

Nota: Los conceptos del punto fueron tomados y reelaborados del libro “Las tres señales seguras” de Bob Mumford.

Cuando uno práctica cotidiana y sistemáticamente la rendición y la obediencia, ésta se convierte en nuestro “estilo de vida”. Entonces, cuando nos acostumbramos a obedecer a Dios en las cosas pequeñas y rutinarias del diario andar, nos será fácil oir y reconocer la voz de Dios y Su voluntad en las decisiones grandes e importantes de la vida. (Lucas 16:10). Y de esta manera:

La rendición u obediencia, la traer el “equilibrio metabólico” a nuestra vida espiritual, mantendrá en funciones normales los signos vitales del creyente.

Para Meditar

Romanos 12:1-2;Salmo 32:8; Isaías 30:21; Génesis 22:1-18; Marcos 12:41-44; 2º Corintios 8:1-5

Para Reflexionar

1. ¿Hay algún área de tu vida que sientes y sabes que no has rendido al Señor? ¿Algo de tu personalidad? ¿Algo de tus bienes? ¿Un defecto? ¿Un vicio? Etc. etc. 
2. ¿Quieres aquietarte ante el Señor y permitirle que él te señale esa parte tuya no rendida?
3 ¿Conoces a algún creyente bien rendido al Señor? ¿Conoces algún creyente no rendido o rendido “a medias”? ¿A cuál quieres parecerte?
4. ¿Has tomado conciencia del alto costo de no rendirse? 
5. ¿Entiendes que el no entregarse totalmente al Señor significa robarle lo que el compró y cometer “adulterio espiritual”?
6. ¿Anhelas de veras “andar en el Espíritu” y hacer en todo su voluntad?

Para Orar

“Señor, ¡Gracias por entregarte totalmente para salvarme a mi! ¡Qué precio tan alto, Señor! ¡Gracias por el descanso y la felicidad que otorgas al que se rinde enteramente a Ti! 

Escudríñame hasta lo más profundo. Muéstrame que área de mi ser te estoy retaceando. 

Quiero entregarte todo lo que soy y tengo. Quiero andar en el Espíritu. Quiero hacer Tu voluntad. Ayúdame, Señor. En tu nombre, Amén”.

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